Comidas, bebidas y estancia en Guadarrama: 35€
Visitar tu ciudad favorita junto a personitas muy especiales y que nada más poner un pie en el suelo ya estés sonriendo no tiene precio.
Gracias por existir.
jueves, 16 de septiembre de 2010
¿Quién se va?
¿quién se queda?
¿quién le duele más la soledad?
¿quién le duele más la soledad, si todos los rincones de mi vida tienen algo tuyo?
¿Cuál es tu camino?
¿cuál es el mío?
¿dónde se encontraron?
¿dónde se han ido?
Anda, deja que te acompañe que no es momento de andar sola..
Con lo pequeño que es el tiempo, ¿quién recogerá el perdío?
Si tú me cuidas yo me curo,
mi cura es tu compañía;
deja que te cuide las alas, tus alas..
Anda, deja que te acompañe que no es momento de andar sola.
Mis cinco sentidos son pa ti,
mi tiempo pa ti,
mis manos pa sujetarte a ti
y mi alegría pa que la bebas toda tú..
Anda, deja que te acompañe que no es momento de andar sola,
anda, deja que te acompañe que no es momento de andar sola.
Necesito dejar de pensar. Lo ideal sería que existiese un botón que pudiésemos pulsar cuando lo necesitásemos para bloquear los pensamientos. Sobre todo si son malos pensamientos que enturbian nuestro día a día, el cual se vuelve más difícil aún cuando estamos en época de exámenes. Pero, desgraciadamente, ese botón no existe. Alguien me dijo una vez que venimos defectuosos, sin garantía y sin ticket para poder realizar la devolución. No es justo. Me encantaría controlar lo que pienso y lo que dejo de pensar y poder concentrarme en mis malditos exámenes. Pero como no puedo, no consigo estar bien del todo. Algunos dicen que rara, yo digo que no sé qué es, aunque a veces directamente digo que no es nada. Quiero que se me pase. Quiero reírme a carcajada limpia con cada tontería como me pasaba antes. Quiero dejar de saltar a la yugular de la gente a la mínima que me digan. Quiero volver a ser quien era antes de empezar a pensar demasiado.
Por favor.
Y gracias.
La niña se columpiaba tranquila mientras el sol iniciaba su lento descenso hacia donde termina el mar. Una brisa fresca le acariciaba el pelo, ligeros reflejos dorados resultado de un largo verano tomando el sol. No escuchaba a su madre que la llamaba para cenar. Ella cantaba su canción, la que él le había enseñado a principios de julio. Aquélla melodía la reconfortaba, la llenaba de fuerza porque le recordaba a sus manos, a sus ojos, a sus labios que robaron un tímido beso minutos antes de marcharse hasta el verano siguiente. Ahora el verano terminaba, las primeras hojas comenzarían a caer cuando menos se lo esperase y la niña tendría que cantar bajo una manta para no coger un catarro si quería recordarlo durante el frío invierno y cuando las flores volvieran a ocupar su lugar y le dieran color a la ladera de la montaña, cantaría más fuerte para que él la escuchara en su camino de vuelta. Vuelta a sus brazos, vuelta a la orilla juntos, vuelta a jugar en la hierba hasta sentir picores en todo el cuerpo. Vuelta al amor.
Repartir el placer, prolongar el encanto de vernos..
A veces no puedes dejar marchar al pasado. Y a veces hariamos cualquier cosa por olvidarlo. Y a veces aprendemos algo nuevo del pasado que cambia todo lo que sabemos del presente.